Editorial Inicial

NUESTRO COMPROMISO

La Argentina enfrenta hoy un complicado cuadro de situación internacional, que está marcado por la acción de 5 grandes potencias: EEUU, Europa, Rusia, China y la India. Además, hay otras potencias medianas emergentes como, Brasil, Sudáfrica e Irán.

Al margen de ello, y como producto de la globalización natural (abrupto aumento de las comunicaciones y el transporte), en los últimos años ha crecido en forma exponencial la movilidad de los fondos financieros y, con ello, el poder de los grandes bancos y fondos de inversión. Ese fenómeno ha dado nacimiento a un nuevo tipo de poder supranacional, de tipo estrictamente financiero, que intenta instaurar un gobierno mundialista por encima de todo poder nacional. Su envergadura y peligrosidad la hemos sufrido en carne propia los argentinos desde la crisis de 2001/2002 en adelante, la ha conocido EEUU en 2008 y la soporta Europa desde 2011.

No es exagerado decir que, en la actualidad, el poder financiero mundialista está ganando la batalla por el control planetario a las distintas potencias nacionales.

En ese contexto internacional, del cual ningún país puede aislarse ni desligarse, la Argentina enfrenta sus cruciales comicios presidenciales de este año, sin que ninguno de sus candidatos a la primera magistratura demuestre estar interesado, ni siquiera anoticiado de los trascendentes desafíos que deberá afrontar nuestro país en los próximos tiempos.

Es necesario remarcar que la Argentina renovará su gobierno nacional y deberá encarar una política nueva, una verdadera estrategia nacional apta para salir airosos en ese nuevo escenario internacional, en un momento en que afronta una situación interna que encierra varios interrogantes y serios problemas.

Entre ellos:

  • la maniquea, sectaria y falaz división de la dirigencia entre oficialistas y opositores, “izquierdista y ”derechistas”, “democráticos” y “represores”, que contamina todos los ámbitos nacionales, desde sus legisladores, hasta sus jueces, pasando por la prensa, la cultura y hasta la familia;
  • la enorme y generalizada corrupción que sufrimos;
  • la falta de autenticidad y la claudicación de la dirigencia, su pereza intelectual y  su abandono de los ideales fundacionales, que ha dado paso a la simulación permanente y a un clima de hipocresía socialmente aceptada o al menos soportada en silencio;
  • la marginación y aun  la “lumpenización” de amplias capas de nuestro pueblo más necesitado, su degradación a nivel de clientela electoral, con subsidios que reemplazan al trabajo digno, y su esclavitud frente al flagelo de la droga introducido impunemente desde afuera;
  • la permanencia de elevados índices de pobreza e indigencia que nos avergüenzan como país pletórico de alimentos;
  • la cifra alarmante de trabajo precario;
  • el estado de falencia de la educación y la salud públicas;
  • la creciente concentración y desnacionalización de las empresas y de la riqueza,
  • el deterioro de la infraestructura, especialmente la ferroviaria, la vial y la energética;
  • una preocupante inflación con estancamiento económico, y una seria escasez de divisas que abre las perspectivas a la solución fácil de costumbre ante situaciones como la actual: un masivo endeudamiento externo del próximo gobierno;
  • y, por sobre todo ello, el abandono del sentido auténtico del patriotismo, del amor a la Argentina que es nuestro hogar, y a su pueblo que es su esencia y su única realidad.

Lo expuesto indica que hay varios prerrequisitos a cumplir si deseamos encarar adecuadamente el nuevo escenario planetario.

El primero de ellos es la reconciliación nacional sobre bases de verdad y justicia, pues, al margen del valor en sí de la unidad y la paz nacionales, se requerirá un esfuerzo del conjunto de la sociedad para encarar ese complicado cuadro de situación.

El segundo es comprender, libres de todo prejuicio, que estamos frente a seis conflictos de trascendencia estratégica, que condicionan y condicionarán cada día más nuestro poder de decisión soberano y nuestra integridad como Nación

Ellos son:

  • la deuda externa;
  • el narcotráfico;
  • el atentado a la AMIA y su falsa investigación;
  • el similar a la Embajada de Israel y su también falsa investigación;
  • la acción de Gran Bretaña (la OTAN, en realidad) sobre nuestras islas Malvinas, las Georgias y las Sandwiches del Sur y la Antártida, y
  • la acción sobre nuestra Patagonia (también sobre la chilena) de los gobiernos, empresas y personas norteamericanos, británicos e israelíes. En el caso de este último país, se debe incluir a los miles de militares de Israel que, bajo la apariencia de simples turistas, la recorren, estudian, fotografían y trazan su cartografía desde hace 30 años al menos.

Y lo más sugestivo y sospechoso de todo es que esos seis conflictos están siendo coordinados e impulsados, desde hace algunos años, por la nueva alianza que intenta condicionarnos, sino dominarnos: los dos países anglosajones (EE.UU. y Gran Bretaña), Israel y el poder financiero mundialista.

Ante esa verdadera encrucijada de la historia, RECONQUISTA nace para decir la verdad al pueblo argentino y defender los intereses nacionales.

Cuando todos los medios de comunicación de alcance nacional, todos sin excepción, los oficialistas y los opositores, guarden un silencio sepulcral sobre esos reales conflictos, RECONQUISTA los denunciará sin tapujos ni medias tintas.

Cuando por conveniencia, miedo o comodidad, la dirigencia se pliegue y avale los pretextos y falsedades que esgrime la alianza que nos acosa, cada vez que les descubrimos una de sus artimañas y mentiras, RECONQUISTA dirá la verdad, toda la verdad, y lo hará con las pruebas en la mano.

Y cuando oficialistas y opositores se entretengan en menudencias, frivolidades y peleas de conventillo, simulando ignorar los designios y embates de la alianza hegemónica, RECONQUISTA propondrá a los argentinos caminos de resistencia y liberación, que los hay.

Esos caminos de resistencia y liberación comienzan con la adopción de un proyecto de grandeza nacional que nos proponga una Argentina plenamente desarrollada y racionalmente poblada por 100 millones de habitantes al promediar el siglo. Un proyecto nacional que devuelva al pueblo su amor a la patria, la dignidad que merece  como persona humana, el espíritu de lucha idealista que a lo largo de nuestra historia demostró más de una vez, y la fe en un porvenir de justicia social y libertad para todos como ya lo conoció en otras épocas.

Esa será nuestra tarea, que iniciamos con la esperanza puesta en Dios y en el apoyo del pueblo argentino que, no dudamos, es tierra fértil para una propuesta de grandeza, justicia y libertad.

El director